Descubra cómo sobreviven los venezolanos a la devaluación de su moneda, el Bolivar.

Descubra cómo sobreviven los venezolanos a la devaluación de su moneda, el Bolivar.

El aumento del costo de los alimentos, el transporte y el combustible son de las principales preocupaciones para el venezolano promedio, que cuenta con un escaso salario mínimo para poder subsistir.

Venezuela, país que atraviesa una de las mayores crisis sociopolítica en el mundo, situación de incertidumbre y variabilidad, que propicia un ambiente dinámico y complejo para sus ciudadanos, que hacemos maravillas para rendir el recurso y enfrentarnos a una economía voraz. Le invito a conocer un poco más sobre la vida en Venezuela, sobreviviendo en hiperinflación.

Este país de América, y nosotros como sus ciudadanos, hemos sido testigos de un gran proceso migratorio de la historia reciente, aún quedamos muchos venezolanos que poco a poco nos hemos ido adaptando a una especie de dolarización tácita que nos ha permitido ahorrar y poder subsistir en un ambiente de constante devaluación, pues día a día el valor de los productos y servicios aumenta.

Históricamente, el país estuvo sujeto a numerosos controles de cambio, que buscaban mantener hasta cierto punto estable la relación existente entre el Bolivar, moneda oficial de Venezuela y las divisas extranjeras, y el dólar que se utiliza mayormente como denominación de referencia. Los numerosos fenómenos económicos que afectaron el sistema venezolano dieron paso a la tasa de cambio se viera modificada hasta el punto en el que se encuentra el país hoy en día, con un control cambiario liberado, y lo que era conocido como el mercado negro pasó hacer el mercado oficial, presentándose entonces el precio del dólar de acuerdo a la oferta y la demanda existente en el país, lo que se reflejó de manera cotidiana en diversos portales en redes sociales. 

[content-wide]Vivir en Venezuela sin duda es una odisea que demanda el ingenio del venezolano para llevar el sustento diario[/content-wide]

Una manera de comprender mejor esta situación es estudiando los casos particulares de algunos de los ciudadanos, por ejemplo sigamos la historia de mi amigo Juan, quien luego de muchos años de estudio, se desempeña como profesor de idiomas en un importante instituto de la ciudad de Valencia, lo que le permite devengar más del salario mínimo, que de acuerdo al decreto 4,193 de la gaceta oficial 6,531, fue estipulado en Bs.400,000 que equivalen a $0,86.

En su caso, por las 32 horas que trabaja logra alcanzar un monto de 15$ mensuales. Su sueldo, así como el salario mínimo mensual es contrapuesto a una serie de 8 artículos de primera necesidad (1kg de carne de res, 1kg de pollo, 1kg de harina de maíz, 1kg de arroz blanco, 1kg de pasta alimenticia, 1kg de queso blanco, 1 litro de aceite y 1 paquete de 36 de huevos de gallina) que conforman la cesta básica, los cuales alcanzan un total de Bs. 8,665,000 es decir $18,53. De esta forma, confirmamos que el salario mínimo de un mes de trabajo no alcanza ni para adquirir un kilogramo de arroz, y en el caso de Juan, no le alcanza para adquirir todos los productos.

Por otro lado, al no alcanzar ni para adquirir la cesta básica, la opción ofrecida a los venezolanos es a través de subsidios del Estado, denominados Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP). Sistema con el que se vende a algunos de los ciudadanos según la localidad y condiciones socioeconómicas, cajas o bolsas de aproximadamente 10 alimentos, a costo muy inferior al real. Hasta julio costaban Bs 50,000 y a partir de agosto se eleva a Bs 150,000 unos 0,25 USD. Es importante acotar que este beneficio se limita a uno por familia, y se entrega de manera intermitente cada uno o dos meses en el mejor de los casos. En el caso de Juan, donde él vive, no lo recibe.

[content-wide]Sin importar la preparación académica o el tener un empleo seguro, la crisis golpea a todos los venezolanos por igual[/content-wide]

Por otra parte, un desafío constante es el transporte público, sigamos el caso de Ana, enfermera por más de 15 años, quien trabaja en el Hospital Central de Valencia y vive en la vivienda rural de Bárbula. Ella gana solamente 5 dólares mensuales. Debido a múltiples complicaciones surgidas en tiempo de pandemia, los precios han aumentado, llegando a ser de 30,000 a 50,000 bolívares en ciertas rutas 0,049 a 0,082 USD, alcanzando el salario mínimo solo para cubrir seis días de transporte ida y vuelta para un ciudadano promedio. En el caso de Ana, su salario le permite costear 28 días de transporte, teniendo que renunciar a todos sus otros gastos básicos.

Aquí solamente se incluye rutas urbanas de trayecto corto, cuando Ana necesita ir a ver a su familia que vive en otro estado del país, el mínimo que debe cancelar por viaje es de cinco dólares, y llega a los $200 en transporte privado, para trayectos de aproximadamente 500 km. Así, se vuelve virtualmente imposible para un ciudadano promedio realizar viajes de este tipo, siendo perjudicados aquellos con familiares alejados como Ana y estudiantes que se movilizan de su lugar de origen para acceder a la educación, como su hija María.

¿Por qué es tan costoso el transporte en Venezuela en comparación al salario? Muchos son los factores que influyen, uno de gran importancia en los últimos meses es el precio del combustible. Por el deterioro del sistema de refinerías de PDVSA (Petróleos de Venezuela Sociedad Anónima), la empresa estatal encargada de los hidrocarburos, el país ha perdido su capacidad de producir combustible, por lo que se ha visto obligado a importarlo, lo que ha disminuido su disponibilidad y aumentado su precio. Por consiguiente, los ciudadanos deben realizar largas filas por días para lograr surtir. Y en muchos casos deben pagar una nueva tarifa de $ 0,5 por cada litro.

¿Qué hemos hecho los venezolanos para sobrevivir a esta adversidad?

Adaptarnos y buscar otras maneras, el comercio informal con precios dolarizados es alternativa a la que, apuesta la mayoría, necesitando realizar aumentos constantes para estar a la par de la inflación, contribuyendo de esta manera a la proliferación de la misma, formando un círculo vicioso que no parece tener fin en la inmediatez. Ana “resuelve” vendiendo tortas y dulces caseros en su urbanización y en el hospital, lo que le permite tener un mayor ingreso y subsistir, sin dejar de hacer lo que le apasiona. En el caso de Juan, la tecnología le ha permitido ampliar sus fronteras y ahora tiene 4 estudiantes en el extranjero, a quienes enseña idiomas siempre y cuando la luz y la conexión se lo permiten. Buscar nuevas alternativas que nos complementen, nos permite a los venezolanos vivir un día más en nuestro país, con la esperanza de que mañana sea un mejor día.

William Andrés Colmenares Maita
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