Escuela en casa: El punto de vista desde la realidad de una madre de dos niños

Cuando la pandemia nos alcanzó a nivel nacional, el sistema de educación en México colapsó. No tenían contemplado un nuevo escenario que les permitiera implementar nuevas estrategias para enfrentar que todos los niños de todos los niveles a nivel nacional se tenían que ausentar de manera presencial e indefinida de las aulas y continuar su rutina académica desde casa.

Esto trajo consigo la apertura de nuevos caminos de enseñanza que propuso la máxima autoridad de la Secretaria de Educación, pero ciertamente vivimos en un país donde el acceso a las herramientas educativas aún no están estandarizadas para todas las poblaciones. Mientras que para el sector de la población que tiene posibilidades económicas de mantener a sus hijos dentro del sistema educativo privado, el panorama fue diferente, ya que los directivos de las instituciones al acatar las medidas preventivas estipuladas por la Secretaria de Educación, tuvieron a bien implementar estrategias de inmediato para que su comunidad estudiantil no perdiera clases y sus avances fueran de manera continua.

De escuela tradicional a escuela en casa

Fue preocupante leer el comunicado que la dirección de la escuela particular de mis hijos emitió una semana antes de que la escuela fuera cerrada cumpliendo con lo estipulado por las autoridades correspondientes. Nos decían que se implementaría una nueva forma para continuar con las clases pero ahora desde casa, que no perderíamos el año y que los niños no estarían de vacaciones, cumpliríamos con el calendario escolar oficial y que tendríamos el acceso y apoyo de una plataforma virtual donde podríamos tener al alcance todos los libros en forma digital y mediante esta plataforma recibirían tareas.

Al principio esta idea no me generó ninguna inconformidad, ya que afortunadamente cuento con los dispositivos electrónicos necesarios para poder acceder fácilmente a la plataforma y, de cierta manera, me sentía mucho más tranquila de tener a mis hijos en casa. Los primeros días fueron de novedad, pues no sabíamos cómo funcionaba la plataforma y al ir explorándola día a día se hizo cada vez más fácil y cómoda. 

Soy mamá de dos hijos, esto generó que debíamos establecer horarios de quien accedería primero diariamente, ya que al principio ambos necesitaban apoyo, pero mi hija mayor se familiarizó rápidamente con la plataforma así que después de la primera semana únicamente apoyaba a mi hijo menor. Esto me permitió estar muy al pendiente del tipo de tareas que la escuela les enviaba. La plataforma se encontraba abierta las 24 horas del día y cada maestro enviaba sus actividades muy temprano, esto con la finalidad de que tuviéramos la oportunidad de realizarlas durante el resto del día, aunque la mayoría de ellas tenían fecha límite de entrega de cuatro a cinco días después de haber sido asignada.

Poco a poco se fue haciendo más difícil el cumplir a diario con las tareas o respetar el horario que nos habíamos establecido ya que mis actividades diarias laborales y dentro de mi hogar hacían que mis tiempos se fueran reduciendo, esto trajo consigo una ola de estrés y presión tanto para mi hijo menor como para mí, porque cada que revisaba las nuevas actividades de la semana, notaba que eran temas que debía de explicarle, experimentos que hacer, exposiciones que presentar mediante un video, actividades que debían realizar en libreta y una vez terminada tomarles foto y subir a la plataforma, aunado a esto conseguir el material para la clase de artes y estar al pendiente de que mis hijos realizaran las actividades lo más apegados posible al nivel de las instrucciones además grabar las clases de educación física y enviar el video como evidencia de la clase. Era cada vez más complicado dedicarle todo el tiempo requerido a realizar y subir las evidencias y no siendo esto suficiente, a medida que los días pasaban y el internet en mi ciudad era cada vez más saturado en su uso, su velocidad fue bajando provocando que estas actividades fueran interminables.

Clases en línea

La escuela de mis hijos se fue dando cuenta de esta situación y propuso implementar el uso de la plataforma Zoom a fin de que los niños tuvieran clases virtuales donde pudieran realizar las actividades en conjunto con su maestra, esto me ayudó mucho porque podía aprovechar esa hora de clase para avanzar con mis actividades. Aunque no solucionó por completo los problemas ya que estábamos a expensas de que el servicio de internet funcionara correctamente para poder acceder a la clase.

¿Un pago justo o injusto?

Mientras tanto la dirección de la escuela nos informó que, debido al impacto económico que la pandemia estaba provocando, aplicarían un 25% de descuento en las mensualidades de los meses de mayo, junio y julio, con el fin de apoyarnos. Pero desafortunadamente no faltó el padre de familia que le pareciera injusto pagar una colegiatura cuando las labores docentes ahora estaban repartidas entre el maestro y padre de familia, olvidando por completo, que bien que mal, todos los maestros estaban haciendo su mayor esfuerzo puesto que ninguno tenía la certeza de cómo dar una clase frente a sus alumnos sin tener a sus alumnos físicamente frente a ellos, cuando fueron contratados no fue requisito indispensable contar con un excelente servicio de internet y además un equipo de cómputo dotado de programas para crear archivos útiles para estos momentos. Pienso que es importante mencionar, que al principio de año firmamos un reglamento donde se nos anticipaba que el pago de colegiatura sería durante los 12 meses del año, sin obtener ningún descuento.

¿Es bueno o es malo?

Si bien es cierto este tiempo de experimentar “la escuela en casa” me trajo mucho conflicto organizar mis tiempos, pero también me trajo la oportunidad de conocer de cerca los alcances de mis hijos. Durante todos los años que mis hijos han sido estudiantes, siempre han contado con mi acompañamiento al realizar sus tareas, implementando métodos para estudiar cuando algún examen se acercaba e incluso inventado formas para que las tablas de multiplicar no fueran un problema. Pero nunca había tenido la oportunidad de verlos desenvolverse dentro de su salón de clases frente a su maestra y con todos sus amigos. Fue grato ver que tengo buenos niños y que ambos tienen una manera muy especial de sacar conclusiones y aplicar su lógica. 

Este nuevo método de enseñanza, que no fue más que una medida extrema para una situación extrema, genero una nueva alternativa para la educación, ya que el método tradicional que conocíamos como único o común en los niveles básicos, el de estar de manera presencial dentro de un aula de clases, en estos momentos de pandemia no es el más factible. Pero es importante enfatizar que esta nueva forma de educación a distancia es una fuente para generar la falta de sociabilización de los niños, para no crear lazos de amistad, no fomentar valores como la solidaridad, empatía, respeto, etc., no permite experimentar esa sensación de enfrentar a un grupo en una exposición, esas actividades forjan el carácter y les permiten adoptar habilidades que en un futuro les serán de gran utilidad.

Las nuevas generaciones traen un chip activado para relacionarse con la tecnología muy fácilmente que provoca que muy fácilmente los niños se pierdan por horas inmersos en sus mundos virtuales haciendo cada vez más difícil su interacción con el mundo que los rodea.

¿Entonces?

Estudiar de manera virtual no es mejor ni peor, simplemente es diferente. Tiene cosas buenas y otras no tan buenas. Hay muchos aspectos del sistema tradicional de enseñanza que se podrían enriquecer gracias a estos tiempos de aprendizaje en casa, estas nuevas herramientas ayudarían hacer el aprendizaje más entretenido y con alcances de otro nivel.


Laura Guillen



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