La manera en que la industria del cine venezolano enfrenta el Covid-19

La manera en que la industria del cine venezolano enfrenta el Covid-19

Venezuela ve la pandemia sin la compañía de la gran pantalla.

Aunque fue todo un tema el comportamiento de la humanidad durante el 2020 por los tantos acontecimientos que se dieron a lo largo del año las consecuencias del COVID 19 siguen viviéndose aún para este inicio del 2021, hoy hablaremos un poco sobre cómo todo esto ha afectado a la gran pantalla en Venezuela. 

Es desde 1896 que empieza el amor del venezolano por esta gran industria del entretenimiento, y aunque no son numerosos los largometrajes que se han grabado en el norte del sur de la América latina, es indiscutible el gusto que tienen los ciudadanos de este país por la gran pantalla.

Y es que a pesar de que en muchos otros países ya se están grabando nuevas películas y se están cumpliendo las medidas de bioseguridad, en Venezuela no ha sido autorizada la apertura de las salas de cine distribuidas a lo largo del territorio, esto ha obligado a las grandes franquicias a organizar una campaña por redes sociales para intentar convencer a las autoridades nacionales de que consideren su reinicio de actividades.

Son dos las empresas de proyección cinematográfica más grandes y reconocidas, Cines Unidos y Cinex, la primera está presente en 11 ciudades del país y cuenta con un total de 24 sucursales que dan una increíble sumatoria de 198 salas, mientras que por su parte Cinex se muestra en 14 ciudades, con 26 complejos y un total de 156 salas, todo esto sólo resalta el extraordinario alcance del cual goza el séptimo arte en Venezuela. 

La unión hace la fuerza para superar las crisis, Cines Unidos y Cinex son ejemplo de ello

Actualmente es Cines Unidos quien toma la iniciativa para comenzar la campaña por la red social Twitter con el hashtag #QuieroIrAlCine, y como era de esperarse eventualmente Cinex también se unió a esta, publicando como harían que las medidas de bioseguridad sean mucho más efectivas y otros puntos a su favor como la poca interacción del público al disfrutar de sus servicios, ya que la mayoría pasa todo su tiempo concentrado en sus films. 

Ahora bien, con estas medidas de bioseguridad también agregan el hecho de que sean utilizadas solo un 70% de las butacas, dejando libres una fila intermedia y asientos vacíos entre cada grupo de espectadores, esto considera una disminución de sus ganancias, a menos de que hagan un ajuste a sus tarifas de taquilla, sin embargo, esto permitiría cumplir con la aclamada reapertura que tanto pide el público y lograr así paliar el negativo impacto de estos fatídicos meses para la industria, que ha demostrado en los últimos años una marcada caída, de acuerdo con un testimonio del presidente de la Asociación Venezolana de Exhibidores de Películas (AVEP), Abdel Güerere quien afirmó que para la época dorada del cine en Venezuela, alrededor del año 2015, cuando se estimaba una presencia de 30 millones de butacas, lo que mermó para el 2019, cuando apenas alcanzó los 11 millones anuales. Más aún en este sentido, para los primeros meses del 2020, antes de detenerse de manera semipermanente por la pandemia, se registraba ya una caída del 35% de los espectadores, en comparación con lo obtenido en el 2019.

Aquí conviene decir que a pesar de estar atravesando una crítica situación económica en el país, las entradas para sus funciones mantenían costos bastante accesibles para todo público, rondando así entre 175,000 y 250,000 bolívares, es decir, el equivalente a 2 y 3 USD la entrada, esto para febrero de 2020. Además de esto, las diferentes empresas ofrecían descuentos especiales, como el lunes popular, donde las entradas estaban a mitad de precio, el jueves estudiantil, donde había un 30% de descuento al presentar un carnet universitario, así como los descuentos permanentes para personas de la tercera edad y niños hasta 14 años. Sin embargo, el costo total de una visita al cine podía elevarse a los USD 10 o inclusive USD 15 por persona al incluir los gastos de adquisición de alimentos en la fuente de sodas también conocida como caramelería.

Manteniendo costos accesibles, la industria del cine permite que los venezolanos puedan disfrutar de momentos agradables

Otro impulsor de este movimiento es la razón de que cada una de estas compañías contaba con un aproximado de 5000 empleados directos e indirectos, que podrían retomar sus labores y hacer mejor frente económico a la pandemia que aún no da señales de terminar. Muchos de estos trabajadores pudieron conservar su empleo remunerado durante los primeros meses de la pandemia, sin embargo, avanzados en esta, las cadenas se vieron obligadas de prescindir de una gran parte de ellos, puesto que lograr mantener sus salarios que oscilaban entre 10 y 50 USD mensuales dependiendo de las labores desempeñadas. Tristemente, una parte importante del antigüo staff se encuentra actualmente en desempleo. 

Podría decirse que la mayor parte de los ingresos apreciados por estas empresas son percibidos por el gran consumo en las fuentes de sodas: las clásicas canastas de palomitas, los nachos y tequeños, en combos con las bebidas de gas y los caramelos son los protagonistas en cuanto a gastos si deseas asistir, aunque evidentemente no son una regla para el cinéfilo.

Tarde o temprano, los cines venezolanos abrirán nuevamente sus puertas, para poder así brindar entretenimiento y alegría a todos los ciudadanos de este hermoso país, quienes a pesar de la marcada crisis económica, logran apartar un poco de su presupuesto para abrir su mente a la imaginación que ofrecen; mientras tanto, estos siguen alistándose para estar preparados de la mejor manera de cara a este escenario.

Anisabel Suárez Blanco
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