Slow fashion: ¿el futuro de la moda y el planeta?

Slow fashion: ¿el futuro de la moda y el planeta?

En un mundo plagado de marcas de ropa y al mismo tiempo, contaminándose cada día más, ¿cuál es la opción más viable?

Según un estudio de Neuromedia, una persona promedio recibe un impacto publicitario cada 10 segundos, equivaliendo esta cifra, a 6,000 anuncios por día. Cuando en el pasado, las personas podían vivir mucho más inmersas en su día a día, hoy resulta casi imposible salir ilesos a estas cifras.

En un mundo consumista, es difícil poner un alto. Sin embargo, la pregunta aquí sería si eso sería posible o incluso, una solución viable. Todo parece indicar que la tendencia a consumir crece y sigue creciendo. ¿Qué es lo que pueden hacer las marcas para generar un cambio? ¿Qué pueden hacer los consumidores para marcar la diferencia?

La industria de la moda, de los principales contaminantes 

Según datos proporcionados por la ONU, la industria textil es responsable del 20% de las aguas residuales del mundo y 10% de las emisiones globales de carbono. 

Datos de la misma organización, arrojaron en 2018, que la industria textil es la segunda más contaminante en el mundo, solo por debajo de la petrolera. Ahora bien, las cifras no terminan ahí, ya que, según el informe de Greenpeace, “Puntadas Tóxicas”, al año se producen aproximadamente 80,000 millones de prendas alrededor del mundo, lo que se traduciría en un promedio de 11 prendas por cada habitante al año. Lo curioso que arroja este estudio, es que claramente, el reparto de prendas no es tan equitativo como pensaríamos. Solamente en Alemania, en 2011 se vendieron 5,970 millones de prendas, lo que significaría que el país europeo, tuvo el equivalente a 70 prendas por persona.

Según el mismo informe de Greenpeace, sólo en Alemania, se tira aproximadamente un millón de toneladas de ropa al año.

En un mundo que no parece tener otra alternativa que el fast fashion, surge lentamente la tendencia slow fashion.

Justo cuando todo parece indicar que día con día seguimos contribuyendo al deterioro del medio ambiente, una luz al final del camino aparece en forma de slow fashion.

¿Pero qué es esta tendencia? Como su nombre lo indica, busca ser la antítesis del modelo de industria textil al que llevamos acostumbrados por años. El slow fashion es una alternativa que promete ser mucho más amable con el medio ambiente e incluso, más justa con sus trabajadores.

¿Por qué consumir slow fashion mexicano?

A diferencia del fast fashion, esta tendencia busca modelos de producción sostenibles y ecológicos. Ahora bien, el modelo desde donde está cimentado es mucho más complejo y profundo de lo que parece.

Cuando hablamos de slow fashion, también estamos hablando de empresas socialmente responsables, es decir, que respetan a los trabajadores en su cadena de producción y por lo mismo, se evita por completo la explotación laboral. Además, idealmente debería estar comprometida a ser un comercio justo, donde se le paga al trabajador lo que realmente merece.

Gabriela Borja, creadora y directora de Folklora (marca de diseño textil contemporáneo en Chiapas) nos habla un poco de esto:

“Cuando hablamos de la filosofía de mi marca, siempre me centro en lograr un cambio positivo en todo el universo que rodea a las prendas: desde los artesanos hasta nuestros consumidores. En nuestro caso, empleamos a más de 100 artesanos y artesanas de 11 comunidades de Chiapas, quienes, con sus manos, nos ayudan a crear las prendas de la tienda. Gracias a la marca, cientos de familias han salido beneficiadas por los empleos que la empresa genera, brindándoles un empleo seguro y buenas condiciones laborales.”

Ahora bien, las ventajas de esta tendencia también se ven reflejadas en el consumidor. En teoría, al tener procesos mucho más dedicados y prendas mucho más exclusivas, el slow fashion brinda ropa mucho más duradera al consumidor, a diferencia de una prenda de fast fashion, la cual tiene una esperanza de vida de 3 meses.

Sin embargo, la moneda siempre tiene dos lados y una de las grandes desventajas de esta tendencia, es el precio elevado de sus prendas. El rango de precio en el que oscilan las piezas de slow fashion puede oscilar entre los $1,000 pesos mexicanos, hasta los $3,500 (mientras que los precios que el fast fashion ofrece, van desde los $200 pesos). Para esta problemática, se unen nuevas tendencias que solucionan este conflicto e incluso, son una opción para estar a la moda mientras salvamos al planeta.

 “Armario cápsula” y cómo conseguirlo

Si unimos la necesidad de tirar menos ropa con la problemática de los precios elevados del slow fashion, encontramos la respuesta en el “armario cápsula”.

Esta tendencia, propuesta de hecho por la misma industria de la moda, retoma lo que se inició en los años 70 en Wardrobe, una tienda que prometía tener todo lo que necesitabas en maquillaje y belleza, bajo un mismo techo.

Ahora bien, lo que se busca con el “armario cápsula” en nuestros tiempos, es realizar compras más inteligentes y, por lo tanto, más planeadas, basándonos en el principio de: “menos, es más”.

Para conseguirlo, los expertos sugieren contar con prendas “básicas” y esenciales, pero, sobre todo, que combinen entre ellas. Un punto importante a recalcar, es que este movimiento busca contar con prendas que sean inmunes a las tendencias de moda que cambian cada poco tiempo y, por el contrario, poder vestir con estilo en cualquier momento de nuestra vida.

Esta tendencia incluso ahora tiene bases en la literatura, donde podemos encontrar el libro de la afamada Saray Martin, “El método armario cápsula”, donde la influencer explica cómo decidió dejar su guardarropa con solamente 40 prendas. Aunque no hay un número determinado como regla, los expertos en el tema recomiendan 30 piezas en promedio.

Por poner un ejemplo, si organizamos un armario cápsula para mujer con 6 chamarras, 8 blusas, 3 vestidos, 4 pantalones, 2 faldas, 1 bolsa, 1 pañuelo, 4 pares de zapatos y 1 traje, podríamos llegar a gastar un promedio de $25,000 pesos, dependiendo de las tiendas y el gusto de la persona. Aunque puede sonar una cantidad grande, la realidad es que gastamos mucho más en ropa normalmente y la cantidad de combinaciones que se podrían lograr con esas prendas, sería muy grande. 

Lo cierto es que, al haber tantas opciones para generar un cambio, como consumidores no tenemos excusa para seguir comprando de forma inconsciente y masiva. Hoy, existen incluso otras vías como tiendas de segunda mano, “clothes swap”, entre otras alternativas, que nos dan la oportunidad de seguir vistiendo con estilo, cuidar nuestro bolsillo, pero, sobre todo, pensar en el planeta.

Laura López Trujillo
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