Venezuela dice adiós al plato navideño: la crisis del país y su repercusión en las tradiciones decembrinas

Venezuela dice adiós al plato navideño: la crisis del país y su repercusión en las tradiciones decembrinas

Descubre cómo la crisis económica ha hecho de muchas tradiciones venezolanas, un recuerdo del pasado en época decembrina.

Hoy en día, Venezuela, las fiestas decembrinas en las particulares condiciones que su situación socio económica y actual pandemia han definido. Año tras año han sido admirables las acrobáticas estrategias comerciales que han adoptado para preservar sus tradiciones navideñas, en un país donde la cultura está definida por su pluralidad culinaria, música de parranda y desbordantes fiestas familiares, hoy se convierten los bolívares a dólares en la cotidianidad que hace ajustar los gastos a la estricta necesidad del día a día.

Hablaré del plato que une al país, la hallaca, una tradición heredada y enaltecida siempre en el mes de diciembre, esta consta de un tamal de harina de maíz sazonado con caldo de pollo o res, que a su vez es rellenado con diversidad de elementos típicos de cada región, pollo, carne de res, cerdo o incluso pescado, en las zonas costeras, esta gran variedad de proteínas es guisada con cebolla, pimentón, uvas pasas, aceitunas, alcaparras y en algunos casos también con granos como los frijoles negros y garbanzos, estos últimos más típicos en las regiones andinas. Todos los ingredientes son envueltos en hojas de plátano que limpian los más pequeños del hogar y finalmente son amarrados por los expertos de la familia con singular táctica, para ser cocidas en agua. Su preparación permite que fluyan en armonía el encuentro familiar y el aprendizaje de esta costumbre a las nuevas generaciones. 

Este delicioso platillo comienza a ser comercializado a estas alturas del año, alcanzando costos hasta de 2,8 USD cada una, si a esto le sumamos la tradicional ensalada de gallina, el pernil y el gustoso pan de jamón, el plato ideal de la cena navideña venezolana alcanzaría valores de 6 a 8 dólares por persona, 24 dólares la cena para una familia de 4 integrantes, que llevado a la moneda nacional da un precio alrededor de los 17 millones de bolívares, sin tomar en cuenta bebidas como el ponche de crema o postres como el dulce de lechosa que se suman a las costumbres regionales del país. 

Aún en la época de crisis, el venezolano tendrá su fiesta navideña de acuerdo con sus posibilidades

Permítanme analizar de cerca la amenaza de extinción de esta costumbre: en primer lugar, se debe saber que se habla de un país implícitamente dolarizado cuyo sistema de control cambiario es regulado por redes sociales como @enparalelovzla en plataformas como Instagram y Twitter y a la par de esta realidad, los sueldos de empleados públicos son remunerados en bolívares, la moneda nacional que diariamente se ve más devaluada.

Si se contrasta esto con el salario mínimo, se une lo culinario y económico, y es que un solo kilogramo de carne de res esta entre los 3 a 4 dólares, así como un kilogramo de pollo entero puede llegar a costar 2.5 dólares, según la @caraotadigital el paquete de alcaparras ha alcanzado un costo de 1,608,000 bolívares que equivale a solo 3 dólares, es decir que solo tres de los ingredientes de la larga lista que describe el típico plato navideño triplican las expectativas de un sueldo mínimo “aumentado”, pronosticado a alcanzar los $ 2.3 y es que la realidad económica no satisface la canasta básica de alimentos ni en condiciones normales, menos en navidad.

Lo más importante en esta temporada de crisis económica es la unión familiar y la posibilidad de seguir juntos

Sin mencionar las precarias condiciones de los servicios básicos como gas, agua y electricidad,  que llevan a los ciudadanos a acceder a estos a través del pago de los mismos en comercios privados o incluso en mercados negros, esto aunado a la crisis sanitaria que se agrava por la pandemia de COVID-19, sin control de salubridad reales y con un mecanismo de “7×7” donde 7 días son laborales y “flexibles” en el uso de transporte y apertura de locales comerciales y 7 días son de cuarentena estricta, es la suma de todas estas circunstancias la que impulsa a la población adulta joven y contemporánea a generar ingresos a través de “emprendimientos” que consisten en manejar negocios de ventas y ofrecimiento de algún servicio. 

Es una situación admirable ver cómo resuelven económicamente los venezolanos con negocios de comidas a domicilio o ventas de manualidades o productos importados, así mismo, es común saber que algún familiar que ha emigrado del país colabore monetariamente al sustento de su familia que se encuentra en territorio nacional, es entonces admirable la nobleza que se desenlaza de todas estas acciones, lamentablemente es también desgarradora la realidad que envuelve a aquellos que no disponen de recursos o del apoyo de familiares en el extranjero, hace tan solo unas semanas como país vimos la triste noticia de dos ancianos que fueron encontrados en su casa víctimas de desnutrición crónica, enfermedad  que les costó la vida, y es que las pensiones para personas de tercera edad son de 400,000 bolívares, el equivalente a menos de 1USD mensual, es totalmente insostenible e incompatible con el sistema económico que se impone como resultado de las malas políticas económicas que llevan más de 20 años formándose.

Tristemente el pan de jamón, dulce de lechosa,  ensalada de gallina, pernil, los “estrenos” navideños y luminosas decoraciones de casas y edificios dan la bienvenida a la hallaca, como una costumbre que se ha convertido en simple recuerdo para muchas familias venezolanas que no han podido hacer frente a la ahogadora crisis nacional, otras tantas preservarán la esencia de esta costumbre ajustando proporciones y cantidades de ingredientes o reemplazarán con platos menos tradicionales y elaborados, sin embargo existe parte de la población que ha ajustados sus negocios a la inherente dolarización o que cuentan con apoyo de aquellos que han emigrado y están en la capacidad de enviar a sus familiares dinero a través del cambio de la moneda en la que generan sus ingresos y así poder mantener viva esta histórica y gustosa tradición.

William Andrés Colmenares Maita
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